TAL DÍA HARÁ UN AÑO

Así es, tal día hará un año, al igual que no hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo aguante.

Todos hemos tenido días malos, semanas peores, meses muy negros, lo que viene siendo “una mala racha”. En esos momentos somos como burros con orejeras, no vemos más allá de nuestro problema, el mundo se nos cae encima, no sabemos cómo salir de la situación, no encontramos soluciones… ¡DIOS! ¡QUIERO DESAPARECER!, pero no podemos, seguimos con nuestro día a día y, de repente, nuestro sentimiento al respecto de dicha situación ha cambiado, nos hemos olvidado, quedó en el recuerdo o, como por arte de magia desapareció el problema.

Esto viene pasando desde que tenemos uso de razón, o incluso puede que antes y ni siquiera lo recordamos. Tal vez empezamos en la cuna, lloramos desesperadamente porque tenemos más hambre que el perro de un gitano (con perdón, que hay gitanos que les dan de comer muy bien a sus animales), tal vez en ese momento, desconsolados, lloramos histéricamente creyendo que esa sensación no va a pasar nunca, que jamas llegará un alivio para nuestro mal, cuando menos te lo esperas te enchufan la teta y se acabo problema.

Más adelante vienen los conflictos internos, sabes que algo no has hecho bien, tal vez una mentira a tus padres, un discusión con un amigo del cole, un bofetón a quien no debes, un suspenso, que se yo, mil cosas. Cuando te encuentras solo en la oscuridad de tu cuarto empiezas a pensar en todas las posibilidades que pueden existir en caso de que seas descubierto, tienes miedo, nada de lo que imaginas tiene buen augurio, será el fin de tus días, te mataran, te desterraran de tu ciudad, te señalaran con el dedo, hasta que finalmente Morfeo llega, te mece en su sueño y nunca más se supo.

Tendemos a exagerar, hacer montañas de granos de arena, sí granos, pero que en ese momento parecen el Everest que miras hacia arriba y no encuentras fin ni salida. Normalmente todo esto se agudiza por la noche, el silencio nocturno, la ciudad callada, la oscuridad, invitan a que tu imaginación se desborde, el corazón empiece a latir con más fuerza, te entren los sudores de la muerte… más cuando amanece, parece que el sol te ilumina dándote algo de esperanza alentadora. Bueno, no es tan grave como parece, seguro que alguna solución encuentro, bla, bla, bla… y cuando te das cuenta, ha pasado un año.

Seguro que ahora más de uno está pasando por alguna situación desagradable, dolorosa, conflictiva. Haz memoria, no es la primera y siento decirte que no es la última, recuerda la última vez que te encontrabas en un callejón sin salida, que tu vida había perdido el sentido y tú el norte. ¿Lo recuerdas? Sí, lo recuerdas y te imagino con una sonrisa, que bueno, ahora te ríes ¿Lo ves?. Pase lo que pase, tal día hará un año, nada es eterno, ni siquiera los problemas.

Cuando terminas con tu primer novio/a, con el segundo, tercero, cuarto… con cada una de las relaciones acabadas piensas que es el fin del mundo, que nada podrá curarte el corazón, te sientes destrozado, nunca más vas a confiar tus sentimientos a nadie, ya no crees en el amor. Hasta que te encuentras de nuevo en otros brazos, sintiendo mariposas en el estómago y convencido de que esta vez, esta sí, es la definitiva.

No sé como sucede, a veces como por arte de magia, otras, simplemente el tiempo lo pone todo en su lugar, pero todos y cada uno de los problemas que he tenido a lo largo de mi vida han pasado, de un modo u otro llega la solución. Piensa en todo lo que te ha sucedido y creías que no saldrías de esa, aquí estas, has salido, mejor o peor parado, pero has salido.

Con el paso del tiempo las dificultades van siendo mayores, incluso para esas hay alguna que otra salida. Podría empezar a debatir sobre la Ley de la Atracción, pero no es mi intención, hasta los más agoreros terminan saliendo, incluso aunque siempre piensen que están mal y son víctimas de todo y todos. Pero, aún sin entrar en ese debate, ya sabiendo de antemano que todo pasa y, que tal día hará un año, frente a cualquier problema lo mejor es buscar solución y si no se encuentra, no es viable, no ves salida, sigue con tu día a día, pasará, de alguna manera pasará y, tal día hará un año.

En estos momentos todos estamos consumidos por la crisis, a todos nos afecta en mayor o menor medida. Hemos tenido que adaptarnos, cambiar nuestros hábitos, la forma de vida, pero aquí seguimos y, te aseguro, que tal día hará un año. Cuántas veces me ha quitado el sueño un pago que se aproxima, el pago ha llegado, en la mayoría de ocasiones, aunque con retrasos, lo he podido solventar, de alguna manera la solución ha llegado, en este caso en forma de dinero, la cantidad que se necesitaba para cubrir la deuda. He perdido noches de sueño sin sentido, porque dejar de dormir no te soluciona nada, o sí, puede que te de por leer, que empieces a buscar entre tus libros una lectura que te motive y, ¡SORPRESA! el dinero que necesitas está entre sus páginas… no es lo más normal, lo sé, pero créeme que me ha sucedido. ¿La Ley de la Atracción? o ¿La Ley de Vida? esa ley que dice que todo pasa y que tal día hará un año.

Hay golpes que son más difíciles de digerir, la muerte de un ser querido. Nunca se está preparado para algo así, por naturaleza tenemos que vivir con resignación la muerte de nuestros mayores. Siempre pensaba que, el día que mi padre o mi madre faltaran yo, directamente, me moriría. Cuando un ser querido se va el dolor es indescriptible, piensas que no lo superarás, que no podrás continuar y seguir adelante. Con el tiempo, el dolor continúa, nunca desaparece, pero qué ironía, no te mueres, y sigues adelante, sigues con tu vida y aunque nunca dejan de estar en tu memoria y en tu corazón… pero inevitablemente tal día hará un año, aunque eso te duela porque no lo encuentras lógico, aunque cada año que pasa cuando miras atrás te sientes culpable de tener que continuar como si nada hubiera pasado, porque nos han enseñado a vivir con el dolor y la tristeza de la muerte, pero es cierto que la vida sigue y tienes que continuar con ella y con todo lo que venga y el dolor va cambiando de forma y aspecto y lo que creías que no podrías superar, ha pasado y tal día hará un año.

Precisamente por eso, quiero aportar un poco de optimismo; al fin y al cabo la vida es eso, hoy estoy arriba, mañana abajo y más abajo no se puede así que, no te preocupes en exceso, porque no te va a servir de mucho, de todos modos, hagas lo que hagas, pase lo que pase… TAL DÍA HARÁ UN AÑO…

INFELIZ DÍA DEL TRABAJADOR

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Hoy millones de personas celebran el día internacional del trabajo, bueno, rectifico, hoy millones de personas disfrutan de un día de fiesta llamado día del trabajo y la mayoría de ellos no saben ni por qué.

El hecho de que hoy, día del trabajador, sea un día festivo significa que el mundo no ha cambiado demasiado y si en algo parece que lo ha hecho no ha sido a mejor después de más de 120 años.

En 1829 se empezó a crear un movimiento para reivindicar la jornada laboral de ocho horas, de manera que se pudiera llevar a cabo la máxima de ocho horas de trabajo, ocho de ocio y ocho de descanso, contando, además, con la idea de que la jornada de ocho horas aumentaría los turnos de trabajo en las fabricas lo que significaba una disminución del paro. Lo que entonces lograron fue una medida grotesca de sancionar a los empresarios por cada hora de más que obligaran a realizar a sus trabajadores a partir de 18 horas de trabajo seguido.

No se lleva mucha diferencia con nuestra situación actual, en la que, si tienes suerte y trabajas, tienes la obligación de hacer todas las horas extras que se te impongan si deseas mantener tu puesto y poder llevar un sueldo a tu casa para subsistir y pagar las necesidades básicas de tu familia.

Finalmente en 1886, viendo que la ley de las ocho horas laborales no se cumplían, los sindicatos empezaron a movilizarse, ya entonces la prensa estaba a favor del empresario y gobiernos, publicando que este movimiento sindical era; «delirio de lunáticos poco patriotas», y manifestó que era «lo mismo que pedir que se pague un salario sin cumplir ninguna hora de trabajo». Ya veis, pedir una jornada que te permitiera tener algo de vida familiar y un descanso necesario era de locos y de tener un morro que te lo pisas. Lo mismo que ahora, o tragas con las condiciones vergonzosas y humillantes de los empresarios o no trabajas porque no quieres, que somos una pandilla de vagos.

El día 1 de mayo los trabajadores se echaron a la calle, una batalla campal que duro varios días, donde murieron varias personas y hubo cientos de heridos. Uno de los fallecidos fue un policía. Que entre los muertos hubiese civiles no importaba demasiado, pero la muerte del policía fue penada, culpando a centenares de trabajadores que fueron golpeados y torturados hasta la muerte. Estos hechos represivos fueron apoyados por una campaña de prensa con citas como:

“Qué mejores sospechosos que la plana mayor de los anarquistas. ¡A la horca los brutos asesinos, rufianes rojos comunistas, monstruos sanguinarios, fabricantes de bombas, gentuza que no son otra cosa que el rezago de Europa que buscó nuestras costas para abusar de nuestra hospitalidad y desafiar a la autoridad de nuestra nación, y que en todos estos años no han hecho otra cosa que proclamar doctrinas sediciosas y peligrosas!”

120 años después estamos en las mismas, salimos a la calle a protestar por nuestros derechos y los policías que nos golpean sin miramiento, con prepotencia y frialdad, están cumpliendo con su trabajo, mientras que el ciudadano que intenta defenderse está incumpliendo lo que quieran inventarse y tiene todas las de perder.

Un periodista tuvo la osadía de publicar lo que pensaba y fue directo a la horca por estas letras;

“Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormik, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza!
¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros. ¡Al terror blanco respondamos con el terror rojo! Es preferible la muerte que la miseria.
Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo.
Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas!.
Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden…
¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís!
¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!.”

Dichos enfrentamientos, acusaciones y detenciones costó la vida de muchos trabajadores y dirigentes sindicales; no existe un número exacto, pero fueron miles los despedidos, detenidos, procesados, heridos de bala o torturados. La mayoría eran inmigrantes: italianos, españoles, alemanes, irlandeses, rusos, polacos y de otros países eslavos.

Si señores, los Españoles también fuimos inmigrantes, algo que parece no recordamos a día de hoy.

120 años después aquí estamos, siendo los mismos borregos que tenemos que cumplir con las decisiones de otros borregos mayores si queremos comer, y cuidado no protestes, porque ya no tenemos derecho a la protesta ni a la pataleta, en caso contrario el pataleado eres tu, pataleado físicamente, moralmente lo somos todos los días.

El día de hoy lo celebramos con entusiasmo, que bien, un día de fiesta, sin pararnos a pensar que de celebración tiene poco. Los sindicatos, por costumbre y tradición, en el día de hoy siguen saliendo a la calle, ¿para qué? en estos momentos ya ni se sabe, porque hasta ellos están comprados, o mejor dicho, se han vendido.

120 años después la historia sigue siendo la misma o peor. Es triste ver como el ser humano no parece tener ganas de evolucionar, de crecer espiritual y moralmente. En la vida siempre se ha dicho que nada es complicado, que somos nosotros los que lo hacemos difícil, y es así porque nunca dejaran de existir aquellos que siguen cegados por la ambición y el poder, quienes son movidos únicamente por el egoísmo, la corrupción y la satisfacción de creerse por encima de todo y todos.

El día del trabajador, jajajajajjaa, el día del estúpido sistema creado desde la ignorancia y que sigue vigente 120 años después.

Nunca me han gustado los días “DE”, algunos porque son simplemente días inventados por las grandes cadenas comerciales, como el día de los enamorados, el padre, la madre… pero por lo menos se celebra un sentimiento digno de reivindicar, el amor, cariño y respeto, sentimiento que deberíamos celebrar todos los días del año. Pero, ¿qué sentido tiene celebrar semejante batalla sangrienta? sentido tendría si de ella hubiésemos aprendido algo, el mundo fuera mejor, los trabajadores fueran tratados con dignidad y pagados con salarios justos y el paro dejara de existir. Celebrarlo si se hubiese conseguido el propósito marcado, celebrar la victoria de la justicia, pero no fue así.

Feliz día del trabajador, del trabajador mal pagado, explotado y engañado en muchas ocasiones, eso si tienes suerte de trabajar.

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PD: Hablo en términos generales, no voy a entrar en el debate de que hay trabajadores que se merecen una patada en el culo y que dejen su puesto libre para aquel que realmente lo quiera utilizar, como el de esa enfermera de la seguridad social que me encontré ayer en urgencias, que no dejo de comer pipas ni un instante, importándole un comino que le estuvieran mirando y que la sala de espera estuviera abarrotada y sus compañeras pudieran necesitar ayuda, aunque lo cierto es que ninguna sudaba demasiado. Tampoco defiendo que esté bien la muerte de un policía en una manifestación, igual de bochornosa que las heridas que ellos producen a diestro y siniestro, sin pensar que eres una abuelita paseando con el nieto por la calle equivocada. Luego nos llevamos las manos a la cabeza cuando en los telediarios siguen hablando de guerras en países que nos pillan lejos, cuando cada una de estas protestas con actos violentos son pequeñas batallas que, al final, nadie gana.