INFELIZ DÍA DEL TRABAJADOR

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Hoy millones de personas celebran el día internacional del trabajo, bueno, rectifico, hoy millones de personas disfrutan de un día de fiesta llamado día del trabajo y la mayoría de ellos no saben ni por qué.

El hecho de que hoy, día del trabajador, sea un día festivo significa que el mundo no ha cambiado demasiado y si en algo parece que lo ha hecho no ha sido a mejor después de más de 120 años.

En 1829 se empezó a crear un movimiento para reivindicar la jornada laboral de ocho horas, de manera que se pudiera llevar a cabo la máxima de ocho horas de trabajo, ocho de ocio y ocho de descanso, contando, además, con la idea de que la jornada de ocho horas aumentaría los turnos de trabajo en las fabricas lo que significaba una disminución del paro. Lo que entonces lograron fue una medida grotesca de sancionar a los empresarios por cada hora de más que obligaran a realizar a sus trabajadores a partir de 18 horas de trabajo seguido.

No se lleva mucha diferencia con nuestra situación actual, en la que, si tienes suerte y trabajas, tienes la obligación de hacer todas las horas extras que se te impongan si deseas mantener tu puesto y poder llevar un sueldo a tu casa para subsistir y pagar las necesidades básicas de tu familia.

Finalmente en 1886, viendo que la ley de las ocho horas laborales no se cumplían, los sindicatos empezaron a movilizarse, ya entonces la prensa estaba a favor del empresario y gobiernos, publicando que este movimiento sindical era; «delirio de lunáticos poco patriotas», y manifestó que era «lo mismo que pedir que se pague un salario sin cumplir ninguna hora de trabajo». Ya veis, pedir una jornada que te permitiera tener algo de vida familiar y un descanso necesario era de locos y de tener un morro que te lo pisas. Lo mismo que ahora, o tragas con las condiciones vergonzosas y humillantes de los empresarios o no trabajas porque no quieres, que somos una pandilla de vagos.

El día 1 de mayo los trabajadores se echaron a la calle, una batalla campal que duro varios días, donde murieron varias personas y hubo cientos de heridos. Uno de los fallecidos fue un policía. Que entre los muertos hubiese civiles no importaba demasiado, pero la muerte del policía fue penada, culpando a centenares de trabajadores que fueron golpeados y torturados hasta la muerte. Estos hechos represivos fueron apoyados por una campaña de prensa con citas como:

“Qué mejores sospechosos que la plana mayor de los anarquistas. ¡A la horca los brutos asesinos, rufianes rojos comunistas, monstruos sanguinarios, fabricantes de bombas, gentuza que no son otra cosa que el rezago de Europa que buscó nuestras costas para abusar de nuestra hospitalidad y desafiar a la autoridad de nuestra nación, y que en todos estos años no han hecho otra cosa que proclamar doctrinas sediciosas y peligrosas!”

120 años después estamos en las mismas, salimos a la calle a protestar por nuestros derechos y los policías que nos golpean sin miramiento, con prepotencia y frialdad, están cumpliendo con su trabajo, mientras que el ciudadano que intenta defenderse está incumpliendo lo que quieran inventarse y tiene todas las de perder.

Un periodista tuvo la osadía de publicar lo que pensaba y fue directo a la horca por estas letras;

“Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormik, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza!
¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros. ¡Al terror blanco respondamos con el terror rojo! Es preferible la muerte que la miseria.
Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo.
Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas!.
Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden…
¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís!
¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!.”

Dichos enfrentamientos, acusaciones y detenciones costó la vida de muchos trabajadores y dirigentes sindicales; no existe un número exacto, pero fueron miles los despedidos, detenidos, procesados, heridos de bala o torturados. La mayoría eran inmigrantes: italianos, españoles, alemanes, irlandeses, rusos, polacos y de otros países eslavos.

Si señores, los Españoles también fuimos inmigrantes, algo que parece no recordamos a día de hoy.

120 años después aquí estamos, siendo los mismos borregos que tenemos que cumplir con las decisiones de otros borregos mayores si queremos comer, y cuidado no protestes, porque ya no tenemos derecho a la protesta ni a la pataleta, en caso contrario el pataleado eres tu, pataleado físicamente, moralmente lo somos todos los días.

El día de hoy lo celebramos con entusiasmo, que bien, un día de fiesta, sin pararnos a pensar que de celebración tiene poco. Los sindicatos, por costumbre y tradición, en el día de hoy siguen saliendo a la calle, ¿para qué? en estos momentos ya ni se sabe, porque hasta ellos están comprados, o mejor dicho, se han vendido.

120 años después la historia sigue siendo la misma o peor. Es triste ver como el ser humano no parece tener ganas de evolucionar, de crecer espiritual y moralmente. En la vida siempre se ha dicho que nada es complicado, que somos nosotros los que lo hacemos difícil, y es así porque nunca dejaran de existir aquellos que siguen cegados por la ambición y el poder, quienes son movidos únicamente por el egoísmo, la corrupción y la satisfacción de creerse por encima de todo y todos.

El día del trabajador, jajajajajjaa, el día del estúpido sistema creado desde la ignorancia y que sigue vigente 120 años después.

Nunca me han gustado los días “DE”, algunos porque son simplemente días inventados por las grandes cadenas comerciales, como el día de los enamorados, el padre, la madre… pero por lo menos se celebra un sentimiento digno de reivindicar, el amor, cariño y respeto, sentimiento que deberíamos celebrar todos los días del año. Pero, ¿qué sentido tiene celebrar semejante batalla sangrienta? sentido tendría si de ella hubiésemos aprendido algo, el mundo fuera mejor, los trabajadores fueran tratados con dignidad y pagados con salarios justos y el paro dejara de existir. Celebrarlo si se hubiese conseguido el propósito marcado, celebrar la victoria de la justicia, pero no fue así.

Feliz día del trabajador, del trabajador mal pagado, explotado y engañado en muchas ocasiones, eso si tienes suerte de trabajar.

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PD: Hablo en términos generales, no voy a entrar en el debate de que hay trabajadores que se merecen una patada en el culo y que dejen su puesto libre para aquel que realmente lo quiera utilizar, como el de esa enfermera de la seguridad social que me encontré ayer en urgencias, que no dejo de comer pipas ni un instante, importándole un comino que le estuvieran mirando y que la sala de espera estuviera abarrotada y sus compañeras pudieran necesitar ayuda, aunque lo cierto es que ninguna sudaba demasiado. Tampoco defiendo que esté bien la muerte de un policía en una manifestación, igual de bochornosa que las heridas que ellos producen a diestro y siniestro, sin pensar que eres una abuelita paseando con el nieto por la calle equivocada. Luego nos llevamos las manos a la cabeza cuando en los telediarios siguen hablando de guerras en países que nos pillan lejos, cuando cada una de estas protestas con actos violentos son pequeñas batallas que, al final, nadie gana.

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